Epístola de la Reunión Plenaria Mundial del Comité Mundial de Consulta de Los Amigos Písac, Perú; 27 enero, 2016.

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Se contenta el Corazón ensanchándose de amor; todos a una voz a Dios gracias damos.

Bienvenido Amigos!

A todos los Amigos en todo el mundo,

Les enviamos saludos cariñosos desde Písac en el Valle Sagrado de los Incas. Tanto la luz del sol como la lluvia nos han bendecido. Mientras nos reuníamos, nos alzamos los ojos a los montes y los corazones a Dios.

Del 19 al 27 de enero, más de 320 hombres y mujeres de 37 países, 77 juntas anuales, 8 juntas mensuales independientes y 2 grupos de adoración, hablando docenas de idiomas, nos reunimos para considerar el tema ¨Vivir la transformación- porque el anhelo ardiente de las creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.¨(Romanos 8: 19)

Comenzamos nuestro tiempo juntos con tristeza por los que se demoraron en sus viajes o fueron prohibidos a reunirse con nosotros – sentimos un hueco en nuestra reunión que tomó la forma de Dios. Más tarde, cuando los Amigos de Kenia llegaron y dimos la bienvenida a los Amigos locales del Perú y Bolivia, pudimos sentir una plena hermandad entre nosotros. Estábamos completos.

Muchos de los mensajes compartidos durante los cultos, dirigidos a nuestro tema de la transformación, nos dejaron conmovidos y elevados de espíritu: nos retaron a todos a ser transformados de maneras que nos dejaran más fieles a los propósitos de Dios, tanto individualmente como juntas e iglesias y como una Familia Mundial de Amigos.

Los Amigos que nos trajeron los mensajes dieron énfasis al proceso de la transformación. Uno habló de la transformación espiritual usando la imagen de un trasplante de corazón y lo que significa recibir el corazón de Jesús. En este trasplante del corazón nos convertimos en agentes de cambio que muestran el amor de Cristo en el mundo. Otra imagen ofrecida fue la de una vaina. Cada vaina contiene el pasado, el presente y el futuro, mostrándonos cómo nos mantenemos conectados a nuestro pasado, aún mientras miramos hacia el futuro y mientras Dios nos reúne en una gran historia.

Escuchamos el mensaje que debemos estar abiertos y disponibles a Dios, creando espacio dentro de nuestros corazones, nuestras comunidades y nuestras iglesias/juntas. Muchas veces la transformación nos encuentra cuando no la estamos buscando. Debemos estar dispuestos a ser vulnerables y abrir nuestros corazones para poder experimentar el cambio que queremos ver.

Mientras nos reuníamos, no solamente hablamos de la transformación, sino que la invitamos y creamos espacio para que Dios la haga realidad. Muchos de nosotros la experimentamos mientras estábamos aquí. Nos hemos encontrado quebrados, abiertos y tocados por el Espíritu Viviente de Cristo.

Somos los hijos de Dios. Somos aquellos para quienes la creación ha estado esperando. Se nos llama a revelarnos en nuestras vidas y en la obra que hacemos con los corazones y las manos. Aunque Dios nos puede llenar los corazones, Dios no tiene manos aparte de las nuestras para sanar este mundo quebrantado. Podemos ser sal y luz, brillando al mundo y declarando el amor de Dios.

Como Cuáqueros, nuestra fe es inseparable de nuestra preocupación por cuidar de toda la vida en la tierra. Recordamos la Proclamación de Kabarak para la Paz y la Eco-justicia y la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos ahora mismo. Instamos a los Amigos en todas partes a que tomen acciones prácticas para sostener la vida en la tierra.

El escuchar juntos en nuestros grupos de base, talleres y consultas, donde se hablaban dos o tres idiomas, abrió un sinnúmero de oportunidades de orar, cantar, hacer preguntas difíciles, aprender, llorar y reírnos juntos. Nos hemos herido con las palabras cuando hablamos sin amor, pero éste es un defecto humano y también hemos experimentado el poder del amor de Cristo para sanarnos.

Aprendemos de las otras maneras de vincularnos con Dios; cada culto ofrecido contenía la oportunidad para que el Espíritu se moviera y hablara y cantara. La adoración compartida de esta manera nos permite reconocer que debemos escuchar y hablar a Dios.

La presencia de tantos Amigos jóvenes adultos entre nosotros ha sido una bendición. Oímos sus testimonios conmovedores y experimentamos su liderazgo inspirador. Mientras regresamos a nuestras iglesias y juntas debemos permitir que este ministerio y liderazgo florezcan.

Somos diferentes. Nos hemos reunido como un grupo diverso de Amigos. Nuestras diferencias nos han desafiado. Este reto a menudo es incómodo pero es uno al cual damos la bienvenida.

Somos uno. Somos uno en el espíritu de Dios, el cual no nos limpia nuestras diferencias ni las esconde, sino que nos permite celebrarlas y movernos más allá de los límites espirituales que tal vez nos separen. Podemos hacer esto al reunirnos en adoración – aunque las formas pueden ser desconocidas, Dios ha estado presente durante todo. Al escucharnos profunda y tiernamente a nosotros mismos y a Dios, llegamos a un lugar donde podemos oír y sentir de donde vienen las palabras, aun cuando quizás no entendamos la lengua en que se hablan.

Somos Amigos. Al escoger la opción de reunirnos y estar dispuestos a compartir profundamente, orar audazmente y escuchar cariñosamente juntos, buscamos movernos más allá de las barreras espirituales que puedan separarnos. Hemos podido hacer esto al juntarnos en adoración donde, aunque la forma pueda ser desconocida, Dios ha estado presente durante todo. Al escucharnos profunda y tiernamente unos a otros y a Dios, llegamos a un lugar donde podemos oír y sentir de donde vienen las palabras aún cuando no entendamos la lengua en que se hablan.

Somos Amigos. Al escoger la opción de juntarnos y estar dispuestos a compartir profundamente, orar audazmente y escucharnos con cariño, buscamos movernos más allá de nuestras diferencias, mirar más allá de nuestras etiquetas y encontrar maneras de vincularnos. El trabajo del CMCA depende de todos nosotros. Para poder continuarlo, alentamos a los Amigos, juntas/iglesias y Juntas Anuales a contribuir económicamente a y participar en la construcción de los lazos entre los Amigos.

Al salir de aquí llevaremos en los corazones el amor que recibimos unos de otros y de Dios.